miércoles, 28 de julio de 2010

La última luciérnaga del mundo

La vi cerca de una zona industrial por acá por el decadente Ecatepec. Ahí la vi con su débil brillo y me enamore como uno se enamora de una hada, de lo maravilloso, de lo etéreo, con el amor profundo que siente el sediento por el manantial claro a mitad del desierto, con el amor que siente loco que aúlla a la luna por esta. Una luz en la oscuridad de mi alcoholismo y un amor dichoso y entregado sin reservas y bien dispuesto para la felicidad.

¡Imagina! en medio de un montón de cosas grises, una chispa iridiscente que no encandila ni ciega a nadie, a nadie excepto a mis ojos que no estaban acostumbrados a tales bellezas cristalinas y colores vibrantes... Tenía que poseerla y descubrir cómo era que no se había contaminado con esa lánguida y penetrante nube tóxica que le rodeaba. Tenía que poseer sus secretos y su alma. Tenía que saber qué tipo de magia era esa que me ataba a su poder:  Magia blanca y luminosa.

Pensé en Dios, en la Luna, el Sol y el  fuego, en el destino y el azar... Nunca se me ocurrió pensar en el AMOR.

Bebí lentamente el último sorbo de whiskey de la botella y me acerque como insecto a esa fuente luminosa. Y ahí me quede un buen rato mirando un buen rato, imbuido en su luz nadando en unos labios tersos, bogando contra todos mis principios. No existe placer sin pena- repetía sin cesar mi mente- ten cuidado te dolerá.

Estire mi mano, palpe la luz pequeña y titilante y con mucho cuidado atraje esa débil alegría hacía mi, la acerque a mis ojos enrojecidos y pude ver entonces de lo que se trataba, un pequeño e indefenso ser, suave al tacto, fácil de mirar. un tipo de belleza que no conocía en mi mundo de oscuridad y vicio... Una pequeña luciérnaga (eso, e nombre o clase de este ser, lo supe hasta que me contó brevemente su historia)

Mire un buen rato a la luciérnaga, le acaricie, la sostuve en mi mano y la deje volar alternativamente fascinado por el nuevo hallazgo de algo tan bello. Intente cerrar mi mano entorno a la criaturita  para hacerla prisionera y no pude, voló fuera de mi mano y se alejo un poco, volví a extender la mano abierta y se posó en ella plácidamente, intente cerrar de nuevo mi mano en torno a ella y volvió a volar. Me conforme con sostenerla y mirarla, jugar con ella y disfrutar de su visión.

Camine un poco y la luciérnaga me siguió, revoloteando a mi lado, alumbrándome el camino y así anduvimos, juntos, un buen trecho. A mi me parecía de lo mejor tener algo luminoso a mi lado ya que siempre junto a mi desfilaron solamente oscuros seres. Ese día dormí sin la necesidad de calmantes o de estar ahogado en alcohol.

Y así, junto a la bella luciérnaga pasaron varios días, meses que se fueron como minutos. Yo feliz y Bichiluz a mi lado. Fueron días especialmente hermosos.

A veces sucedía llover y como siempre caminábamos Bichiluz se protegía de la lluvia bajo el ala de mi sombrero y alumbraba mi rostro, entonces yo sonreía ante su preocupación de mojarse y que sus alas se pegaran y ni pudiera volar. Nunca expreso está preocupación cómo tal, pero resultaba evidente y en esos días de lluvia yo le obsequiaba terrones de azúcar para cenar y musitaba tiernas canciones para ella cunado estábamos solos.

Un día quise volver a entornar mi puños sobre Bichiluz y ella se alejo de nueva cuanta, me di cuenta de que jamás le quitaría su libertad (cosa que no pensé hasta entonces), de que no la podría poseer . pero note también otro detalle, ella jamás sería mía aunque yo fuese de ella... No importaba, lo importante era ser feliz.

Cabe resaltar que nunca vi otra luciérnaga, lo que en ocasiones parecía ser una de ellas siempre resulto una luz artificial, un foco frío, sin sentimientos o una bombilla ardiente, pero igual sin alma.

Transcurrió el tiempo y un día me encontré con la sorpresa, desagradable sorpresa, de que Bichiluz no estaba a mi lado, me sentí confundido, pero la espere sin salir de casa esa noche. Espere por una semana completa sin salir de casa. Después salí a buscarla por los caminos recorridos juntos, pregunte por ella, indague, me desespere y volví a los fríos lugares de antes a ver si el destino me concedía la gracia de volverla a encontrar. No la encontré más. Anduve vagando por las calles, siguiendo luces, pero nunca era ella, siempre fueron luces frías, ardientes, falsas, eléctricas, simples adornos. Entristecí.

Después de dos meses regrese a la abandonada casa y encontré una carta pegada a la puerta, olía a ella, resplandecía en la oscuridad, débilmente. Con ansias y temblores recorriendo mi cuerpo tome aquél tesoro con mis manos chamagosas y entre a casa con un éxtasis de alegría, hasta la ebriedad que hacía tambalear se disipo. Cuando entre en la casa busque a Bichiluz o alguna señal de ella, no encontré ninguna. Ningún resultado, nadie respondió, oscuridad total... más tristeza.

Encendí el quinqué junto al catre desvencijado en que dormía y leí encendiendo un cigarro la carta breve:

     Hola querido:
          No me fui de aquí, sigo contigo, pero no me verás al menos no de cerca.
          Sal al patio y levante la mirada, luego vuelve aquí.

Así lo hice, salí y volví la cara hacía el cielo oscuro, un cielo negro, pero lleno de pequeñas lucesitas hermosas y titilantes. Mis ojos se abrumaron con el llanto de sentimientos mezclados... Seque mis lágrimas gruesas y regrese al cuarto con el quinqué.

          ...Lo ves, ahí estoy y t vigilo, ahora no me encuentro bajo tu sombrero, ahora estoy sobre
          tu cabeza y te guiaré. Se Fuerte.

                                                                                     Tú Bichiluz.

Llore toda la noche, llore una semana y luego un día sentí un resplandor en mis ojos cerrados, abrí los ojos lentamente y me levante para ver una figura frente a mi... era ella, ya no era pequeña, era de mi tamaño y su belleza había incrementado. Frunció el seño al verme como me encontró al principio; mal afeitado y peor vestido, con la ropa sucia y apestando a alcohol y cigarro. Me regaño:

-¿De qué sirvió mi tiempo contigo? ¿Sólo para que vuelvas a lo mismo?
 Vamos, no seas débil. No te dejaré nunca, no te preocupes y dicho esto me abrazo- ¿Escuchas? Nunca.
Pero hoy tengo que terminar de crecer... Crece tu también ¿Sí?

Está bien, pero no comprendo, dije a punto del llanto.

Ella me abrazo y escuche su corazón. olí su aroma, aspire su fragancia y sentí su piel. Levanto mi rostro y me beso tiernamente en los labios probando mis saladas lágrimas. Vamos no llores te deshidratarás. y volvió a besarme.

Esa noche hicimos el amor y dormimos uno junto al otro toda la madrugada. Al amanecer una luz se elevo hacia el cielo y ella abandono el lecho.

 -Soy la última luciérnaga del mundo y tengo que volar para encontrar a una más y permitir que el mundo siga iluminado. Voy a encontrar un alma limpia para que siga iluminando la oscuridad de el alma de gente triste... Mientras tanto espera por mi. Me dijo es, me beso en los labios y en la frente y se marcho. Ya no sentía un vació ya mi corazón rebosaba de alegría tenía una luz que desde lejos sería mi faro.

Al caer la noche fui al lugar donde la vi por primera vez y deje una nota para que ella la encontrase y me aleje silbando con luz interior propia y una sonrisa. Encendí un cigarro y el beso carnal de las llamas me recordó a ella, levante la cara al cielo y contemple las estrellas...

Ahí estas, allí arriba, aquí adentro, en todas partes- Te quiero Bichiluz.

*Carta dejada a Bichiuz:


Bichiluz:

Hasta ese entonces que nuestras miradas se vuelvan a encontrar
y nuestras almas se cuenten intimidades que nada más ellas habrán de saber revelar
junto con nuestras pieles, que con la poesía del tacto han de transformar un simple saludo
en un acto de pasión y amor incondicionall
y esa sonrisa suya resuene en la mía y en mi interior se cuele
y me colme de dicha y satisfacción
hasta entonces la espero...

                                                        Siempre tuyo: Lovermonster



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