miércoles, 9 de septiembre de 2009

poder y autoridad

Poder: Qué pequeña palabra, pero cuan llena de significaciones diversas es, esas significaciones van desde el hecho de ser más fuerte que otro, “soy más poderoso”, pasando por el hecho de que sea probable un hecho o acontecimiento, hasta llegar a lo que nos ocupa “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.” (lengua, 2009). Como una pequeña palabra puede complicarnos tanto y por tanto tiempo, además poder es una palabra muy “poderosa” dicen los que saben que existen cuatro formas fundamentales de ejercer y ganar el poder; la manipulación, la fuerza, la persuasión y la autoridad.




La manipulación
-Mi amor, si me llevas a comprar el súper te puedo hacer tus tacos de arrachera que tanto te gustan- parlotea la mujer al marido con un tonito un tanto sospechoso, la perniciosa está tratando de convencer al pobre y abnegado hombre, que de seguro se encuentra viendo los deportes en la tv, de que le lleve al centro comercial o al súper mercado, condicionándole una sabrosa arrachera a cambio de que le lleve a ese lugar donde vaciara su tarjeta de crédito en ofertas ficticias, en este momento la fémina está ejerciendo el poder sobre al varón a través del poderoso medio de manipulación que es la comida, no se vale, pero así lo hacen.

La Persuasión.
-Mira chavo si compras este desodorante todas las viejas se te van a lanzar al coche en cuanto te olfateen- promete el vendedor al desconcertado y sudoroso adolescente al mismo tiempo que en la pantalla de televisión salen unas despampanantes rubias bailándole a un sujeto que no se ha afeitado en tres días, pero que usa cierto desodorante que promete “devolvernos lo que los músicos no han arrebatado”. Acá la idea principal es vender la idea, hacer que el subordinado del yugo del poder nos haga caso por propia voluntad y convicción, es como hacer el blog para un profesor que nos promete una calificación y una vivencia nueva, nosotros lo hacemos con convicción y hasta con gusto con tal de tener algo que queremos (la calificación) el ejecutor del poder hace lo que quiere con nosotros (nos hace trabajar y escribir muchos artículos y leer y desvelarnos y demás cosas y dolencias).

La fuerza.
-Canten el sí lo hago- Amenaza un fortachón de mostacho poblado a los enclenques monitos que van en un tren que gira alrededor de la cabecita hueca de una niña estandarte de la Coca-cola con su blusita cerrada y toda bonita que no se atreve a andar en bicicleta la muy cobarde, los enclenque protestan – No la sabemos- el mostachón revienta los tirantes de su ceñido traje de halterófilo y les urge – ¡Improvisen!- Los enclenques comienzan a cantar el sí lo hago y la ñoña se anima a andar en su bicicleta después de beber ese oscuro y meloso liquido de dudosa procedencia que llaman refresco de cola. Aquí vemos como el fortachón impone toda su fuerza y presencia para hacerse obedecer por otros que no tenían la intención de hacerlo.

La autoridad.
Un tipo de traje, al parecer el dueño de una empresa muy importante le indica a otro con overol que saque algunos artilugios de su cajuela, el tipo obedece sin chistar y hasta sonríe cuando el de traje le pregunta -¿Está pesado?- Aquí el dueño hace valer su autoridad sobre uno de sus subordinados que hace algo que de seguro no quería hacer o que no tenía contemplado hacer, es decir modifica la voluntad de un tercero a pesar de que el otro pudiese resistir, pero no lo hace por que el de traje impone su poder por medio de la autoridad que le inviste ser el dueño de la empresa.

Conclusiones
La autoridad deberá ser el medio preferido de ejercer el poder ya que este medio es reconocido como que se nos otorga “legítimamente” ya sea por medios y esfuerzos propios o ajenos, o mera causalidad (mi padre era el dueño, yo soy su hijo y ahora yo soy el dueño). De esta manera se minimiza el riesgo de tener que ejercer medios coercitivos o de otra índole, pero debemos tener cuidado de saber aplicar esta autoridad porque si no nos puede pasar como el sujeto del libro los de debajo de Mariano Azuela, decía el peón muy molesto, ese patrón no se cansa de mandar y yo tengo que hacer todo el trabajo –esto lo decía mientras ensillaba el caballo del patrón, ahora, el autor hacía la reflexión “estamos como el peón, arreniege y arreniegue y trabaje y trabaje”, es cierto, sobre todo cuando e una empresa el sujeto que detenta la autoridad o el poder, es grosero o incompetente, tenemos que doblegar nuestro espíritu, ante tales condiciones. Cosa que puede hacer al subordinado propenso a accidentes, errores o simplemente a que un día deje de hacer las cosas y nos diga, -al demonio, tú no eres mi dueño ni mi amo. Me largo- y de esta manera quedarnos sin personal. Deberemos ser inteligentes

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